domingo, 15 de junio de 2014

VERDURAS Y LEGUMBRES - Ensaladilla de pollo con mayonesa de soja

Técnicamente aún estamos en primavera, pero los termómetros, al menos en el sur, ya alcanzan 43 y 44ºC. Vamos, que ya lo único que le apetece a una es comer platos frescos y ligeros. Salmorejo, ensalada, ajoblanco, picadillo, etc. Hoy os traigo una ensaladilla. Pero no la típica, la rusa, que está exquisita pero ya muy vista. Esta que os presento tiene sabores diferente y un toque sofisticado.
Nosotros, en España, relacionamos cualquier tipo de ensaladilla con el verano, por ser un plato frío, fácil de compartir e ideal para el picoteo. Pero lo verdaderamente gracioso de todo esto es que la ensaladilla, la rusa, la primera y más famosa, de verdad es rusa ¿Quién lo diría? ¿Una receta frío en un país en el que se alcanzan los 40 bajo cero?. Pues sí, y hoy en día es el plato nacional ruso para la comida de Año Nuevo. 
Pero lo que esta receta esconde tras de si es una historia de cocineros, de espionaje y de traición. En 1864, el chef del restaurante moscovita L´Ermitage, el franco-belga Lucien Oliver, ideó una ensalada de lujo en la que, según cuenta las lenguas antiguas, mezclaba ingredientes caros como carne de ciervo, cecina de oso, patatas en salmuera, jamón de pato, esturión ahumado o mayonesa. Este plato hizo furor en la ciudad, hasta el punto de que Ivan Ivanov, mano derecha de Oliver, apuntó los ingredientes y consiguió venderlos a la competencia.
Sin embargo, como si de un castigo divino se tratase, Ivanov nunca consiguió coger el punto exacto a la mezcla de ingredientes y fracasó en su intento. Y, aprendiendo de los acontecimientos, Oliver se llevó, literalmente, el secreto de su receta a la tumba y con él se perdió el legado. 
Tal importancia consiguió el plato de Oliver entre la aristocracia rusa, que en 2008 se consiguió averiguar el lugar de enterramiento del chef, se rastreó entre sus restos pero no se encontró ni rastro de aquella legendaria receta.
Lo que hoy en día conocemos como ensaladilla rusa es el legado de la receta adulterada de Ivanov, que ha ido pasando de generación en generación y adaptándose a cambios, a ratos por capricho y a ratos por necesidad. Cada país, cada región, cada pueblo y, si me apuráis, cada familia tiene una manera de hacer la ensaladilla.
La que yo quiero compartir con vosotros hoy no será, ni mucho menos, comparable a la del genial cocinero, pero una cosa sí os digo: está para chuparse los dedos.

  

 Ingredientes:
3 patatas.
3 zanahorias.
1 puñado grande de guisantes (yo usé congelados).
1 pechuga de pollo.
150 gr. de champiñones laminados.
1 huevo.
250 ml. de aceite (puede ser de girasol o de oliva).
1 chorrito de salsa de soja.
Sal y pimienta.

   Preparación:
Para empezar, ponemos agua a hervir en una olla. Cuando rompa en ebullición, introducimos en ella las patatas. Realmente, habrá que hervir también las zanahorias y los guisantes, pero como las patatas necesitan más tiempo, comenzaremos por ellas. A  los 10 minutos añadimos las zanahorias y los guisantes y cocinamos 15 minutos más. Lo ideal para encontrar el punto exacto  de cocción de estos productos es ir pinchando con un tenedor, e ir comprobando si la textura es adecuada o no. El tamaño de las patatas y las cantidades que pongamos en el agua variarán el tiempo de cocción. Una vez estén a punto todos los alimentos, los dejamos escurrir y enfriar.



Por otro lado, troceamos los champiñones y los refreímos en una sartén con un poco de aceite. No necesitarán mucho tiempo. Estarán listos cuando empiecen a oscurecer y mengüen un poco su tamaño. Los reservamos en el recipiente que vayamos a usar par mezclar todos los ingredientes de nuestra ensaladilla. Eso sí, escurriéndolos del líquido que hayan soltado con el calor.
En ese mismo líquido cocinamos la pechuga de pollo salpimientada y bien troceada en pequeños taquitos. Cuando esté lista,  la agregamos, también escurrida, a los champiñones. A igual que los guisantes.
Es hora de pelar, lavar y trocear las patatas y las zanahorias y añadirlas al resto de alimentos. Mezclamos todo bien y reservamos en la nevera al menos una hora antes de añadir la mayonesa. No olvidéis tapar el recipiente con su propia tapadera, si la tiene, o con papel film.
Para hacer la mayonesa, ponemos en el fondo del vaso de la batidora el huevo y batimos a velocidad baja sin levantar la batidora. A la vez, vamos agregando el aceite muy poco a poco pero sin pausa. Llegará un momento en el que la mezcla se vuelva blanquecina y espesa. Puede ser aceite de girasol (la mayonesa saldrá más suave) o de oliva (tendrá un sabor más intenso). Agregamos un chorrito de salsa de soja, batimos un poco más y listo.



Cuando los ingredientes estén, como mínimo, templados, le añadimos la mayonesa de soja, mezclamos bien y estará lista para consumir. Podéis presentarla decorada con cebolla frita.
¡Buen provecho!

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